Decía:
Odio los sonidos de mi cuerpo. Mi respiración. Odio oír el aire entrando en mí, de no che, en la cama. El silencio es un lujo. Odio las respiraciones pesadas. Odio que, en reposo, la gente respire por la boca. Mi respiración no es pesada. Odio verme las piernas y los brazos mientras escribo esto sentado en un extremo de mi cama porque me recuerda el cuerpo en el que estoy. Odio no poder evitar expresar sentimientos. Odio que se sepa dónde voy y de dónde vengo. No quiero que nadie con quien me cruzo por la calle sepa si estoy feliz o triste. Que oigan la música que sale de mis auriculares. Ni que oigas mis pasos y el crujir de mi ropa al andar. Ojalá pudiera emitir silencio. Oír silencio real. Proyectar silencio sobre los ruidos molestos que me rodean. El ruido del lápiz al escribir es agradable. Como el ruido interno que oigo cuando me acarician la cabeza. Pero odio el sonido del agua al ser tragada. Y el chasquido insoportable de cubiertos, platos y vasos. Tocar pelo puede ser agradable. Tocar pelo sobre piel puede ser agradable. Y piel sobre piel puede ser muy agradable. Pero pelo sobre piel también puede ser muy desagradable. Odio no poder controlar mi cuerpo y mis impulsos. Mi olor natural es agradable, creo, pero odio que determinadas personas puedan sentirlo. Y verme. Odio estar expuesto. No soy nadie pero no soy un cualquiera. Lo patético de mi vida me desespera. La enfermedad, la deformidad, la indefensión y la impotencia. Los mocos. La grasa de mi cuerpo y los movimientos que escapan de mi control.
Odio los sonidos de mi cuerpo. Mi respiración. Odio oír el aire entrando en mí, de no che, en la cama. El silencio es un lujo. Odio las respiraciones pesadas. Odio que, en reposo, la gente respire por la boca. Mi respiración no es pesada. Odio verme las piernas y los brazos mientras escribo esto sentado en un extremo de mi cama porque me recuerda el cuerpo en el que estoy. Odio no poder evitar expresar sentimientos. Odio que se sepa dónde voy y de dónde vengo. No quiero que nadie con quien me cruzo por la calle sepa si estoy feliz o triste. Que oigan la música que sale de mis auriculares. Ni que oigas mis pasos y el crujir de mi ropa al andar. Ojalá pudiera emitir silencio. Oír silencio real. Proyectar silencio sobre los ruidos molestos que me rodean. El ruido del lápiz al escribir es agradable. Como el ruido interno que oigo cuando me acarician la cabeza. Pero odio el sonido del agua al ser tragada. Y el chasquido insoportable de cubiertos, platos y vasos. Tocar pelo puede ser agradable. Tocar pelo sobre piel puede ser agradable. Y piel sobre piel puede ser muy agradable. Pero pelo sobre piel también puede ser muy desagradable. Odio no poder controlar mi cuerpo y mis impulsos. Mi olor natural es agradable, creo, pero odio que determinadas personas puedan sentirlo. Y verme. Odio estar expuesto. No soy nadie pero no soy un cualquiera. Lo patético de mi vida me desespera. La enfermedad, la deformidad, la indefensión y la impotencia. Los mocos. La grasa de mi cuerpo y los movimientos que escapan de mi control.

